Mi wishlist para santa y Le petit prince, Parte 1.

Hoy me comentaba Luis en Proyecto Puente sobre mi tema: “No se contradice el discurso?” y yo le dije: “Aaaahh pero es que ese es el punto!” como mujer necia y contradictoria que soy, me dispongo a convencerlos de mi tesis, nada compleja, más bien personal y la cual creo, encontrará eco…. (bueno el punto que mi proceso mental funciona mejor con las cosas que parecen tener no relación, ni modo, que le voy a hacer.)

Para iniciar déjenme compartir mi wishlist con ustedes… a propósito, ya saben que le pedirán a Santa?

Yo sí, quiero una Mont Blanc limited edition en honor a Elizabeth, una Ovation, una Nikon cherry red, Una Birkin bag grande grande y una Moleskine!

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OBVIAMENTE ningúna de estas cosas son objetos prioritarios en mi presupuesto, osea, no tengo dinero para invertir aún en ellas, pero son tan bonitas! nada me cuesta desearlas, oh no? Y desear, es algo que puede causarte dos cosas: motivación o frustración.

Como dice Madonna, “We’re living in a material world, ergo, I’m material girl”.
Todas esas cosas, con gusto las negociaría (ojo, dije negociar no cambiar) por una edición de lujo de El Principito.

¿Saben por qué? porque el recordar la obra y lo que significó para mí en mi niñez, me evoca un sentimiento que mueve las más profundas de mis fibras ya que es como si hubiera llegado después de caminar en un gran círculo a ese mismo punto en este momento de mi vida… Y todo se desencadenó por que mi hijo de 4 años saltó emocionado la primera vez que vió el spot de Discovery Kids anunciando la serie “MIRA MAMÁ!” me dijo bajando corriendo de la cama y apuntando con su dedito la televisión.

Mi encuentro con el principito fué en la sala de mi abuela Lola, no recuerdo mi edad, pero recuerdo el olor de lo que ella cocinaba y el rincón al que me fuí a sentar para leer. Mi abuela tenía una mesita de vidrio donde había muchas cosas interesantes para ver de esas que se rompen si las tocas, (una tenía un caballito de mar disecado) y cerca un comedor muy fancy que como es costumbre con las matriarcas, sólo las usan para ocasiones “especiales”. O sea una vez al año.

Total que a mí me gustaba irme y sentarme debajo de ese comedor, entre las sillas, porque como era un área de la casa que estaba sola, lejos del sonido, y con una excelente iluminación, ya que daba a la entrada que tenía unas grandes ventanas. Como llegó el libro a mis manos, ni idea.

Entonces, ví la bufanda del principito que se movía con el viento, y me molestaba que el asteroide fuera tan pequeño, y no me hizo nada de gracia la serpiente con el elefante, y lo de cordero me entristeció y por primera vez, creo que me identifiqué sin saberlo aún, con la soledad de alguién más.

Recuerdan lo que querían cuando eran pequeños? piénsenlo, me dicen y nos vemos en la seguna parte de este texto.

Descansen.

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