Haciendo maleta: 5 escenas íntimas de una viajera insegura.

Refracción es una columna para Proyecto Puente y se publica todos los jueves. 

Cada vez que me dicen -oye, te vas a una capacitación- me siento como si me dijeran que voy a la playa o algo así. Me encanta. No importa el nivel de complejidad del tema o si ya he visto el contenido, siempre hay cosas nuevas que aprender y a mí me encanta tomar clases.

En este momento me encuentro en el taller de Patrimonio Cultural y Turismo con la maestra Alejandra Zorrilla Martínez, dentro de la capacitación anual para consejeros ciudadanos del Programa de Desarrollo Cultural Municipal de Sonora, a cargo del Instituto Sonorense de Cultura y la Secretaría de Cultura de México en el Hotel Colonial en Hermosillo.

En mi blog personal, podrán encontrar información sobre detalles del taller y la convocatoria para que puedan participar en este fondo enfocado a impulsar proyectos culturales ciudadanos.

Pero de lo que quiero hablarles es del proceso de empacar una maleta. Mi maleta para venir a la capacitación por ejemplo. Hablemos de eso.

No sé ustedes, pero yo he pasado un proceso interesante sobre poder sobrevivir y disfrutar el hacer mi maleta para viajar.

Para iniciar, me estreso, siempre me estreso. Pienso que algo me va a faltar, que no será suficiente, que algo se me va a olvidar… llevo demasiado? llevo poco? Y si hace frío? Si hace calor?… Soy una mujer controladora. Lucho contra ello. Realmente mi maleta ha sido una maestra para mí y mis emociones. He pasado a través de un largo camino con ella para lograr desprenderme de mis inseguridades y mi temor a la aventura de viajar.

Las cosas diferentes o en este caso el factor de cambio o alteración me da miedo. Sé que no lo muestro del todo, pero es la verdad. Soy una mujer a quién le da pavor la aventura. It´s not my thing.

Sin embargo, creo que ya logré avanzar dos pasos en dominar mi ansiedad sobre que si me encuentro en un lugar fuera de casa y no tengo mi almohada con la que duermo todas las noches, eso está bien y no corro peligro.

Escena 1: Cuántos días me voy a quedar? Que tan lejos voy a ir? Así sea irme a dormir al cuarto de enseguida del mío en casa, o kilómetros lejos, batallo para decidir empacar. -Es que algo me va a hacer falta, yo lo sé-. Sufro, de verdad sufro pensando que algo no será suficiente, y como todo en esta vida, con la práctica y las repeticiones he ido confiando poco a poco a confiar en mis decisiones.

Escena 2: Movilidad. Qué tan grande la maleta? Yo no sé como les caben las cosas en equipajes tan pequeños, qué no se sienten desprotegidos? Soy yo solamente la que piensa que entre menos cosas lleves más vulnerable se encuentra uno? La tranquilidad que me brinda tener una maleta grande, aún así sea complicada de mover, me calma un poco. He evolucionado muy lentamente el ir reduciendo de tamaño mi maleta.

Escena 3: Clasificación de departamentos. La organización de la maleta, se ha vuelto como mi nueva catarsis de control. Esto va aquí, y esto va acá, y por este otro lado están mis bolsitas para esto y acá va la otro. Y no me lo muevas de ahí, así va. Realmente soy una cosa espantosa. Lo raro es que no soy igual en mi escritorio o mi cuarto. Mi espacio personal es un desastre y caos. Pero entonces porqué cuando me ponen una maleta enfrente de mí soy tan estricta conmigo? Que extraño espíritu tiene esa caja que hace brotar lo peor de mí en el aspecto organizacional?

Escena 4: Decisiones sobre qué no llevar. La agonía de tener que dejar algo en casa. Esta es una de las cosas que más me mortifican. Sobre mi cama, todo lo que según yo ocuparé. A un lado, mi maleta a la que no le cabe todo. Inicio entonces a empacar y a elegir que no llevar. Y entonces inicio a diseñar escenarios e intento viajar al futuro para hacer un simulacro de mi día para ver que nada de lo básico me falte. Que bárbaro, mientras escribo me oigo y me diga a mí misma: really?

Escena 5: Terminar y cerrar. Acabo cansada. Sin energía. Cuando es el cierre de maleta para el viaje que está por iniciar, siento la angustia de lo desconocido y la emoción por lo nuevo. Cuando es el cierre de maleta para regresar he experimentado dos cosas importantes: la tristeza de dejar el lugar, la experiencia y las sensaciones; y la felicidad y el oxígeno de volver al hogar, a mi rutina, a mi cotidianeidad… el cierre de maleta, es un momento definitivo y místico.

Qué les pasa a ustedes cuando hacen su maleta? Se obsesionan? Se divierten? Yo, en estos días estoy lejos de casa, y he logrado una maleta pequeña de 3 días. Bravo por mí, por que ahora si se me olvida algo ya no hago un drama y me tiro a llorar en la cama lamentándome… por qué ya comprendí que puedo ir a comprarlo o bien, sobrevivir sin mi red de apoyo que es mi rutina y mi escudo de seguridad que es mi obsesión del control.

Alejandra Zorrilla, la maestra del taller de Patrimonio cultural y turismo, ha hablado de que viajeros buscan viajeros similares a ellos para compartir historias y tiempo. La demanda es un gran educador de la oferta, nos convertimos en eso que tocamos en el viaje. Los segmentos diferentes de turistas se excluyen, tienes que elegir que tipo de turistas traerás a tu destino. El turismo no se trata solo de quien visita, sino de quién recibe también. Que clase de turista convocamos. Planeación estratégica y marketing mis estimadísimos. Eso. El viajar implica magia, historias con sentido.

Viajeros buscan viajeros y estoy decidida a hacerme una ninja en empacar maletas.

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