Los objetos caen irremediablemente al suelo.

“Gravedad: fuerza que sobre todos los cuerpos ejerce la tierra hacia su centro.”-Real Academia de la Lengua Española.

REFRACCIÓN es una columna sobre periodismo, cultura y atardeceres en Sonora y se publica todos los jueves para Proyecto Puente

La pobre manzana… el Génesis no indica sobre qué tipo de fruta era, pero la leyenda, nos ha dicho que era una manzana la que dió Eva a Adán y por eso perdimos el paraíso. En otro tomo de cuentos, dicen los griegos que había un árbol de manzanas doradas que otorgaban inmortalidad y que estaban resguardas por un dragón de cien cabezas que nunca dormía, y luego a alguien se le ocurrió hacer un concurso de belleza entre tres mujeres poderosas con una manzana, lo que desencadenó la Guerra de Troya. Más tarde, Blanca Nieves mordió una, que estaba envenenada, y así la joven cayó al piso dramáticamente para ser revivida por el beso de amor de un príncipe. 

Pero cuando se trata de ciencia, tenía que ser un hombre el que entrara a escena con la dichosa manzana. Cuando se trata de descubrir la ley de la gravedad, no hay ni mujeres de barro con costillas prestadas, ni diosas narcisistas o princesas amas de casa. No, tenía que ser un hombre el que reivindicara el papel de la manzana en la historia de la humanidad. 

Sólo que hubo un poco de ficción en la recreación del evento. La manzana no le cayó en la cabeza a Newton cómo nos han hecho creer en los memes. Fue en Enero del 2010, en la celebración del aniversario 350 de Newton que la Royal Society of London publicó documentos donde se decía que cuando ocurrió el episodio, Newton estaba sentado tomando el té acompañado de su amigo, en el año de 1666, momento culminante de la revolución científica. 

Entonces, estoy aquí con ustedes, reflexionando sobre las manzanas en mi vida. Por ejemplo: una empresa con el logo de fruta ha cambiado la forma de comunicación de la humanidad en los últimos años, cuando te enfermas casi siempre te dan jugo de manzana en el hospital, no hay cosa más buena que un buen pastel de manzana calientito con nieve, ha habido un gran caos con el asunto de la importación de la manzana en México y cuando voy a la frutería de la esquina y veo lo que me cobran por una bolsa con 8 manzanas me dan ganas de mejor no comprarlas. 

Pero platiquemos también sobre el asunto de la gravedad, de la ley de la física que dice que los objetos caen irremediablemente al suelo atraídos por la fuerza del centro de la tierra. 

Cuántos poemas, piezas escénicas y canciones pueden hacerse sobre este tema… 

Durante esta última semana he pensando tanto sobre mi propio centro. Sobre mis propias caídas. Sobre mi suelo. En este momento recuerdo la danza y la duela. Viene a mí la sensación que experimenta el cuerpo con el tiempo y el espacio y las personas que he conocido, las cuales me enseñaron a caer con estilo en mis años de bailarina. Me entrenaron para no tener miedo a caer y no temerle al suelo. Cuando bailas en pareja o en grupo, el peso de tu compañero es el mejor equilibrio para tu propio balance. Cierro los ojos y recuerdo cómo se siente cuando bailas acompañado… cuando haces contacto con otro cuerpo y puedes engañar a la gravedad sin caer porque el otro te sostiene… cuando es la misma inercia de quien te acompaña la que te impulsa a lograr esas suspensiones que por un segundo te hacen experimentar que es mentira la ley de Newton. Y de repente caes de nuevo. En danza, el arte se da entre el juego con las tensiones de los cuerpos y la superficie. 

En danza aprendí que el suelo no es el enemigo, sino un terreno para ser descubierto y usado a favor. Así que, no siempre debe ser dramático el que los objetos caigan irremediablemente al suelo. A veces, si entiendes el juego, puedes llegar a hacer una maravillosa coreografía en base a las caídas. 

…Y cómo de Newton se dice también que entre sus hallazgos científicos se encuentra el descubrimiento sobre que el espectro de color que se observa cuando la luz blanca pasa por un prisma es inherente a esa luz, en lugar de provenir del prisma, me acordé que yo tenía una camiseta de Pink Floyd, que venía con este prisma y los colores. Realmente nunca fui tan fan de ellos, pero yo tenía la camiseta. La usé hasta que se rompió de desgaste porque me gustaba mucho. Bailé mucho con ella. Y, recientemente, aprendí a amar la canción de “Wish you were here”… a base de caídas y fuerza ejercida hacia mi centro. 

   

   

   

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