Emiliana: un alma abierta a la música. Parte II. 

Refracción es una columna sobre periodismo, cultura y atardeceres en Sonora y se publica todos los jueves en Proyecto Puente. 

Van rezando sus oraciones. Algunas veces caen en el camino heridos de muerte y van rodando en el abismo. Pero los otros siguen su camino y contemplan atótinos la loca danza de la vida. Sigamos: allá arriba está la felicidad. De allí nos llega el sol fogozo y la lluvia que nos alimentan…

-El Desierto de los leones. 

Poema sinfónico. Emiliana de Zubeldía.

 Les he contado ya, como termina el libro ¨Zubeldía, Maestra Maitea¨ en mi poder, un obsequio de hace 12 años que recibí de manos de la Doctora Leticia Varela, autora del mismo. Ahora, quiero contarles como inicia el libro y sobre todo, la mágica forma en la que esta columna tomó camino hacia una serie de revelaciones que al menos yo desconocía y que estoy segura, a través del altavoz de Proyecto Puente, serán más personas quienes las conozca y que podrán ser parte del impulso de los esfuerzos encaminados a revalorar y difundir el legado de la maestra Emiliana, un pilar indiscutible en el desarrollo musical de Sonora. 

Así que nuestra Refracción de este día se basará en cerrar el libro que estoy leyendo de Emiliana y compartirles a partir de la propia voz de la Doctora Leticia lo que no me toca decir a mí, si no a ella, respecto a esta experiencia de mística intersección que he vivido con el personaje de Emiliana en las últimas semanas a raíz de buscar en el pasado y en mi librero…

El libro inicia con una carta de José Luis Ansorena, Director de ERESBIL, Archivo de Compositores Vascos, dirigida a Leticia, felicitándola y agradeciéndole por la publicación y de cómo a través de este libro, él había podido comprender un poco más sobre la espesa niebla que envolvía a Emiliana, dejándola visible para aquellos que deseaban conocer más sobre su misteriosa personalidad. Algunas de las frases de esa carta dicen: 

 ¨ Tú habías conocido profundamente la necesidad que Emiliana sentía de escapar del País Vasco, que tanto amaba y que desde tu tierra contemplaba, como un paraíso subyugado, profanado, martirizado.

Tú habías entrado a formar parte, no sólo del mundo espiritual de Emiliana, sino de su propia ánima y en determinados momentos percibo en tu estudio una intercomunicación con ella, que me sobrecoge. 

Tú escuchaste horas interminables la palabra de Emiliana y ahora es ella quien te escucha a ti y con ella cuantos las admiramos.  

Que Dios conserve y aumente tu capacidad clarividente y clarificadora de confusiones y trances ambiguos. ¨

Este libro, que es una mirada fiel a la vida de Emiliana, resultó ser también una especie de bálsamo que la Doctora Leticia elaboró para sí misma, donde el gran esfuerzo de integración de evidencias de todo tipo que aquí se recopilan para honrar la memoria de la vida de la maestra, son superadas únicamente por la honestidad del testimonio de la discípula, la cual, como sucede en las grandes historias de amor, terminó en separación, y sin embargo, al igual que en los romances de gran calibre, el tiempo, la distancia y la muerte lo único que han logrado es unirlas entrañablemente, con más luz y anhelo. 

Al mismo tiempo que escribía la primera parte de esta columna, la Doctora Leticia aceptaba mi invitación en Facebook, y mientras ella comentaba mis publicaciones, yo leía las notificaciones de mi computadora con la piel de gallina, estaba presenciando un momento en la historia, ahora de la mía, donde los caminos se había cruzado de nuevo con posibilidades de poder ser parte de nuevos esfuerzos donde al parecer, también yo, me había vuelto testigo por causas colaterales, de la maestra Emiliana. 

La Doctora Leticia escribió esto en mi Facebook: 

¨ Erika hermosa, no sé qué pretendes al hacerme revivir emociones tan hondas. Ese final del libro Maestra Maitea(querida en vasco) brotó no sólo espontáneo sino avasallador para curar el dolor que me quedó después de su muerte. Los últimos tiempos de su vida fueron muy conflictivos entre ambas. Yo siempre le agradecí todo lo que hizo por mí y la amé como ella amaba y veneraba a todos sus maestros, pero ella empezó a manifestar una paranoia evidentemente senil a sus noventa y tantos años, convencida de que yo la perseguía y quería eliminarla de mi camino. Hasta la fecha hay quien sigue creyéndolo, porque ella así lo contaba. Y mi pesar mayor fue que no la hice “entrar en razón” mientras vivía. 

Por lo que mi única esperanza es que, una vez en los dominios celestiales, podamos encontrarnos cuando me llegue la hora y deslindemos esta cuestión para poder disfrutar nuestra paz. Es en verdad muy doloroso despedir a alguien en estas condiciones. Pero ella ya debe tener claridad en esto. Yo, en cambio, tuve que escribirle una larga carta que se convirtió en libro, para poder superar la pena. ¨ 

A 29 años de la partida definitiva de Emiliana. La Doctora Leticia dejó en mi foto de Facebook, a manera decomentario, una especie de lista de noticias que se están configurando en base al legado de la maestra. Comparto, tal cual lo dejó la Doctora en mi red: 

¨ En 2007 establecimos la Fundación Emiliana de Zubeldia Inda, A.C. (FEZI) con el objeto de preservar su memoria, reconocer su labor y dar a conocer su obra musical. Hemos avanzado algo en este camino y, entre otras cosas, hemos podido consolidar una alianza con el gobierno de Navarra, su provincia natal, el cual me solicitó la redacción de otra biografía que la presentara como “Personaje navarro” para el mundo. Ellos tienen una serie con ese título en el que ya habían publicado cincobiografías y la que me solicitaron fue la número seis bajo el título: “Emiliana de Zubeldia. Una vida para la música” publicado en 2013. Y aunque es el mismo personaje, la misma historia, la misma pluma, no se parece en nada al “Maestra Maitea”, porque aquella historia proyecta la visión y la emoción de la discípula y ésta es una narración más equilibrada desde una perspectiva más objetiva. 

Lo que estamos haciendo ahora es iniciar la digitalización de los originales depositados en el Fondo Zubeldia del Archivo Histórico de la Universidad de Sonora, para luego transcribirlos con el software Sibelius y dejarlos listos para su próxima publicación, según acordemos entre la propia UNISON, el Gobierno de Navarra y la FEZI. También estamos por realizar una grabación de un disco con canciones suyas en voz de nuestra soprano hermosillense Elena Rivera, acompañada al piano por el maravilloso pianista español Jorge Robaina. Si Dios lo permite, la grabación se hará en Granada en septiembre próximo. Y habrá más… ¨

Creo que si escribo algo más, le estaría quitando la magia del momento. Así que dejo en ustedes la curiosidad latente por conocer más por su propio pie sobre la historia de esta mujer que llegó a Sonora y la historia de esta otra, la discípula dedicada a que su recuerdo y legado prevalezca… ambas, que de alguna manera se enlazan a la mía o viceversa, y que ahora, al parecer, el punto de conexión se ha hecho visible después de 12 años, el cual, sigo incubando en mi mente sobre su significado y mi lugar en este tiempo y momento… al final del día, pienso en cómo a veces suceden ciertas cosas.  

Gracias Leticia. 

Un abrazo, 

Erika. 

 

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