Sevilla… o sobre por qué es necesario viajar. Parte II.

Refracción es una columna sobre periodismo, cultura y atardeceres en Sonora, se publica todos los jueves en Proyecto Puente.  

Es muy importante que sepas dónde estás en relación con dónde deseas estar

para poder aproximarte a ese punto.

El conocimiento de dónde te encuentras y dónde deseas estar es esencial

si quieres tomar decisiones deliberadas sobre tu viaje.

-Esther y Jerry Hicks. Pide y se te dará.

 Casi es octubre, y estoy lejos de casa.

De nuevo estoy de viaje, ahora en Sinaloa, la distancia es corta con relación a Sevilla, pero mi aprendizaje, después del viejo mundo es amplio. Sevilla me persigue como un fantasma amigable. Aún no he podido sentarme a registrar mi visita en el blog, veo las fotos para empezar una curaduría y con cada imagen, me traslado a momentos, luces y sonidos. Y pienso, que los viajes son purificadores.

Les escribo desde otra cama, no la mía, y tengo sueño. Estoy cansada. Viajar, implica energía y fuerzas, además de cierta nostalgia. Creo que todos deberíamos tener la costumbre de viajar frecuentemente. Viajar, como dice mi querida Leila Guerriero, nos ayudar a mantenernos vigentes en la improvisación y a no sentirnos tan seguros. Viajar nos saca de nuestra zona de comodidad y nos obliga a abrir el horizonte a través de nueva gente, nuevas formas, nuevas soledades.

Muy en especial, pienso que quienes trabajamos por el desarrollo cultural, debemos abrazar esos momentos en los que viajamos porque el aprendizaje emocional y técnico que el hacerlo nos brinda es invaluable. En Gestión Cultural, las buenas prácticas y los casos de éxito se conocen así, yendo, viendo, escuchando, compartiendo. Viviendo.

Sevilla es un lugar hipnotizante. A raíz de la invitación de la Universidad Pablo de Olavide, a través del Dr. Fernando Quiles para el encuentro Acervos, pude visitar el Archivo de Indias, Real de Alcázar y la Catedral de Sevilla. El fin de semana subiré el material en mi blog personal.

Entre las cosas que más se atesoran cuando se viaja, son las personas. Puedo decir, que, dando el justo protocolo a lo que llamamos casualidades, mi viaje a Sevilla se configuró para conocer a personas maravillosas, con las cuales estoy segura compartiré aventuras próximas en el tema del desarrollo cultural. Personas apasionadas por lo que hacen y de un gran corazón y actitud.

Entonces, comprendo la gestión cultural a través de mis viajes, no solo desde mi comunidad, no solo desde lo local y nuestra realidad territorial, también la comprendo desde la compañía, los puntos de vista, la diversidad y las formas de hacer de otros. Los sistemas, mecanismos y estrategias de lugares y grupos, de modelos de trabajo y maneras de intervenir.

Comprendo mis viajes por medio de una introspección y una reflexión personal. El esfuerzo de estar lejos de casa, para algunos es un alivio, para otros nos hace falta nuestro hogar. El depender solo de uno mismo y sentir el peso de la libertad muchas veces sofocante si las alas de uno no están entrenadas para desplegarse. Desplazarme, paradójicamente, me ayuda a definir mis anclas.

Una de las experiencias más emocionantes en mi viaje a Sevilla fue entrar al Archivo de Indias, donde se guardan los documentos de administración del nuevo mundo. Pensé para mí: la memoria que conservamos, tiene valor por lo que implica o simplemente por no olvidar…

El único problema de viajar es que cuando se impregna en la piel, uno se vuelve dependiente de lo que te provoca: improvisación. Así como el buen jazz, donde hay que dominar primero la técnica para luego hacer modificaciones complejas con buen estilo basadas en la emoción. Por eso, yo pienso que hay que viajar: para improvisar.

Gestores culturales: improvisemos.

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