La edad de la inocencia.

Nokta, Hablemos de Cultura es una columna cultural semanal y se publica todos los viernes en la sección cultural Acentos de Tribuna del Yaqui.

Podría decirles que la Edad de la Inocencia es mi película favorita. Estoy intentando hacerme de una edición del libro… que si bien la obra es de dominio público, me gustaría una pieza de colección, de esas hermosas para subirla a mi instagram. Hoy es mi cumpleaños. Y pasé 15 minutos frente a la pantalla en blanco pensando sobre que escribir para hoy. Una palabra vino a mi mente: deseo. Ya saben, por que uno pide un deseo cuando es su cumpleaños frente al pastel. Después de forzar mi proceso creativo y de revisar diversos materiales sobre el concepto del deseo, se me vino a la mente de la nada, mi película favorita. No me pregunten la razón, no la sé, simplemente, recordé esa extraordinaria obra de arte que probablemente me influenció desde la primera vez que la ví. Empecé a buscar que decía la gente sobre ella y mientras leía, recordaba cada escena. Entonces, le dí click al ícono de popcorn en mi MacBook la busqué en el catálogo y mientras les escribo, la película está de fondo en mi pantalla. Cómo han pasado los años, recuerdo que primero la tuve en VHS, luego la conseguí en DVD y ahora, la traigo conmigo a todos lados que haya una conexión wifi.

La edad de la inocencia es un certero e implacable retrato de un universo cerrado en sí mismo, cuyas leyes impiden la natural expresión de los sentimientos y cuyos rastreros partícipes encuentran placer en todo tipo de rumores y cotilleos, juzgando a los demás, metiéndose en sus vidas y en sus relaciones personales. El inicio de la película, con una sucesión de flores de distintos colores que se observan a través de un filtro con caligrafía victoriana o de encaje, se sienten como si las apresaran, una metáfora evidente de la lucha contra la represión que Madame Olenska y Newland Archer con su secreta relación, llevan a cabo. Toda la escenografía con un minucioso detallismo va encaminada a representar una sublimación de lo superficialmente lujoso frente a la urgencia y la angustia de la pasión irrefrenable.

Eso,  encontré en un blog de cine.

Y a continuación un fragmento del inicio del libro:

Aunque ya había rumores acerca de la construcción a distancias metropolitanas bastante remotas, “más allá de la calle Cuarenta”- de un nuevo Teatro de la Opera que competiría en suntuosidad y esplendor con los de las grandes capitales europeas, al público elegante aún le bastaba con llenar todos los inviernos los raídos palcos color rojo y dorado de la vieja y acogedora Academia. Los más tradicionales le tenían cariño precisamente por ser pequeña e incómoda, lo que alejaba a los “nuevos ricos” a quienes Nueva York empezaba a temer, aún que, al mismo tiempo, le simpatizaban. Por su parte, los sentimentales se aferraban a la Academia por sus reminiscencias históricas, y a su vez los melómanos la adoraban por su excelente acústica, una cualidad tan problemática en salas construidas para escuchar música.

Hoy cumplo 36 años y pienso en lo que había en mi mente la primera vez que ví esta pelicula. En cómo uno atraviesa capítulos de su propia vida desde momentos relacionados con estos personajes… Madame Olenska, nunca se había sentido tan cerca y tan real, desde aquí, dejando de ser mi heroína para convertirse en un prototipo más de mujer cuyo concepto de felicidad es tan complejo como la última escena de la obra. A final de cuentas, todos deseamos algo. Algunos lo obtenemos, algunos decidimos no hacerlo. Les dejo un beso y feliz fin de semana.

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Consulta el libro aquí: Pink Monkey. 

 

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