Aldeas enfermas.

Refracción es una columna cultural para Proyecto Puente y se publica los fines de semana.  

Ian Sosa es un joven investigador originario de Cd. Obregón. Tiene 35 años y ya es Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, egresado del Instituto Tecnológico de Sonora. Ian es Doctor en Energías renovables y sustentabilidad por la Universidad Santiago de Compostela, España; forma parte de la red solar del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y de la Red Iberoamerica de sistemas híbridos en generación distribuída. Actualmente, se encuentra trabajando en un proyecto colaborativo de diagnóstico sobre energía en México, Venezuela y España. Puedes seguir su trabajo en www.researchgate.net/iansosa

El pasado 5 de julio, Ian ofreció en ITSON una conferencia sobre el tema: ¨Aldeas enfermas¨, como parte de las actividades de reflexión de la iniciativa ¨ Obregón, hacia una ciudad creativa ¨ que impulsa la universidad después de un trabajo de análisis sobre los beneficios colectivos y de identidad que este proceso provoca en las comunidades en las que se ha aplicado en diversas partes del mundo. En México, un caso de éxito es sin duda Ensenada, Baja California.   

El concepto de aldeas enfermas ha sido propuesto por el Dr. Sosa a raíz de su trabajo doctoral, en el cual propuso ante CONACYT el proyecto de una eco-aldea en el sur de Sonora, con énfasis en el recurso energético sustentable y con el apoyo de un grupo multidisciplinario de investigación. Derivado de este trabajo académico, el grupo de investigación viajó a pueblos asentados en Ecuador, Chile y Argentina donde realizaron observaciones y mediciones con el fin de lograr un diagnóstico y proponer así, alternativas a través de la tecnología y recursos renovables de la localidad para su rehabilitación e intervención, lo cuál contribuiría hipotéticamente a la ¨ cura¨ de sus principales problemas sociales, energéticos, de acceso, división de grupos y problemas de agua, entre otros.

Mientras conversaba con Ian al final de la conferencia, platicábamos sobre la idea romántica y hippie de que la clave para sanar una aldea enferma es la autointervención por parte de la misma comunidad, es decir, la esperanza de que los ciudadanos tomen la iniciativa de cambiar su realidad y entorno. Una aldea enferma es el paso previo a una aldea abandonada, donde ya no hay remedio. Es importante identificar de dónde viene la enfermedad y aplicar la medicina adecuada, hay que tener cuidado de seleccionar el método de cura para no desarrollar inmunidad como sucede con los organismos vivos. 

Estamos en el momento justo donde la ciudadanía muestra cierta consciencia de que necesita hacer algo. La historia de los pueblos que se asientan en el desierto ha sido de hombres y mujeres con características privilegiadas de actitud y habilidades frente a las contingencias de la vida, esto debido a las condiciones climatológicas en las que viven y se desarrollan, ya que saben adaptarse a diversas y complejas situaciones.

Los invito a que reflexionemos y pensemos si estamos viviendo en una aldea enferma y qué podemos hacer al respecto desde nuestras posibilidades individuales, desde el núcleo familiar, desde nuestros grupos sociales, desde las instituciones, desde gobierno para obtener un disagnóstico acertado y empezar a medicarnos. Recuerden que la naturaleza es perfecta, somos nosotros quienes ponemos obstáctulos y rompemos el equilibrio. Vayamos a un ejemplo más cercano: tu hogar… ¿es una aldea enferma? Busquemos sanarnos. Recuperemos el equilibrio.


 

 

 

 

 

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