Hay que amasar el pan.

Anoche, después de ver Julia & Julie, me dediqué a ver entrevistas de Leila Guerriero en Youtube. Antes ya había leído su columna sobre “Escribir”, pero escucharla en su voz llenó mi mente de respuestas.

“Hay que amasar el pan con pánico a no poder hacerlo nunca más, a que se queme, a que salga crudo, a que no le guste a nadie. Hay que amasar el pan todas las semanas, de todos los meses, de todos los años, sin pensar que habrá que amasar el pan todas las semanas de todos los meses de todos los años: hay que amasar el pan como si fuera la primera vez.”

Llegar a Houston significó, además de otras cosas, aprender a cocinar. Una tarea titánica para mí que nunca fue mi fuerte. Aprender a a usar el horno, a no arruinar los ingredientes, a que la carne no quedara seca, a sanar quemaduras y a volver al sartén con miedo al dolor de nuevo. Cocinar se convirtió en un reto personal y hoy, hacerlo me abre caminos hacia nuevos sentidos y momentos. Sobre todo, el del dominio y disciplina personal.

Acabo de imprimir el texto de Leila y lo puse en el refrigerador, debajo de la lista del supermercado, donde dice: “Falta salsa de soya”.

Tengo pendiente un libro, mi primer libro, que está guardado detrás de un título, un índice y pedazos de textos y columnas que he hecho durante estos últimos 10 años. No me he atrevido a tocarlo desde noviembre. Me da miedo. Porque pienso que a nadie le importa, que no merezco escribir, que no soy suficientemente buena y que no soy nadie para publicar un libro. Sin embargo, mi esposo casi todos los días me pregunta si ya avancé con algo, y le digo que no. Y mi libro que aún no existe se convierte en una pena, y lo sufro.

“Hay que amasar el pan con cansancio, por cansancio, contra el cansancio. Hay que amasar el pan sin humildad, con empeño, con odio, con desprecio, con ferocidad, con saña. Como si todo estuviera al fin por acabarse. Como si todo estuviera al fin por empezar. Hay que amasar el pan para vivir, porque se vive, para seguir viviendo. Escribir. Amasar el pan. No hay diferencia.”

Entonces, esta noche he pegado un recordatorio en el refrigerador de la casa de que hay que cocinar. Que hay que amasar el pan. Que hay que escribir. Para vivir, porque se vive, para seguir viviendo.

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