Sonora, México.

Sonora, tierra de Edmundo, Cornejo y Abigael, aquí se danza en el desierto y convocamos hipnóticos atardeceres.

“Y digo entonces

para no estar tan solo,

que ésta es mi voz,

no otra;

la que se duerme en ti:

soledad en mi casa

de terrestre ceniza y flor remota;

y desde ti me nombro

puerta quemada, ojo

que el amor se ha comido,

topacio de la oscura violencia,

mordedura del hombre donde, acaso,

estuvo alguna vez el paraíso.

Y digo entonces que no es

mi voz;

que es otra: ésta;

porque pensar en ti

es un poco pensar en todo

lo que ha precedido,

en todo lo que vendrá después

y en lo que no será nunca

y estoy triste

por todo esto demasiado tarde

o demasiado temprano;

y digo que estaré esperando,

aún sin esperanzas,

de regreso de todo,

hasta de ti,

aunque ni a ti te importe

y no escuches.”

-Abigael Bohorquez.

 

Arturo Márquez, compositor originario de Álamos, Sonora. Creador de una de las piezas más bellas que he escuchado. El Danzón N2.

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