Acumular

Lo mismo de siempre, publicada originalmente en Telemax en Julio de 2025.

Por Erika Tamaura 

IG & X: @erikatamaura 

Esta es quizá la columna que más tiempo me ha tomado concretar. La inicié el pasado mes de enero y la “terminé” pero nunca la envié para publicarse porque no sentí eso que según se siente cuando se quiere hacer algo que a una le gusta: el impulso y las ganas… más bien sentí temor y desidia. Dicen que para hacer las cosas se ocupa más de disciplina que de ganas, pero a mi me gusta sentir las cosquillas de la emoción. No sé si también les pasa, pero de un tiempo para acá, me he sentido medio incompetente respecto a mis anhelos y productividad y se me junta con las cosas de la casa, la rutina, la vida, los hijos, el trabajo y la existencialidad. Estas crisis intermitentes se están convirtiendo en temporadas recurrentes. Afortunadamente, escribir me salva. 

Durante este tiempo que estuve ausente sin escribir (bueno, a veces escribía pero no era constante) me puse a arreglar mi pasado. Con la intención de reencontrar esas cosquillas intenté poner en orden mi línea del tiempo personal y empecé a analizar portafolios de artistas y páginas web de otras personas creativas, ya no desde el punto de vista de una gestora cultural, sino para reconocerme también yo como creativa y volver a enamorarme de mi misma. Entonces sucedió la magia. 

Al buscar en mis archivos, pude observar todo lo que había hecho y lo que no en estas últimas décadas. Pude ver  todas las cosas acumuladas que tenía en redes sociales antiguas, blogs, carpetas de fotos, audios, proyectos… y recordé mi pasión por hacer que cada momento tuviera un sentido en la narrativa de mi rutina. Me dio ternura y orgullo. Yo acumulaba cosas pero las iba compartiendo con todos en el proceso: si me comía una nieve les contaba lo deliciosa que me supo y si veía una exposición de arte, les mostraba los detalles que yo encontraba. Compartía los sonidos de la lluvia y el café que me tomaba. Yo acumulaba, pero acumulaba públicamente. Acumular para mí, era una forma de comunicarme con el exterior y darle sentido a las horas. Este proceso de volverme a enamorar de mi misma me tomó cinco años y se aceleró en la primera parte de este 2025. 

Bastó una noche de año nuevo de esas que te hacen culpar hasta tu sombra para darme cuenta de lo que yo había acumulado pero de manera privada. No sabía hasta dónde había llegado mi límite de almacenamiento con todo lo que hice implosionar. Lo que no compartía, lo que me dolía pero no decía, los límites que crucé y todo aquello que no encontraba salida terminó por alimentar a uno de mis más poderosos monstruos. Las cosas sutiles, invisibles y negadas, se convirtieron en bombas nucleares. Mi mente al igual que mi organismo, produjo todo tipo de defensas y refugios, entre ellas: la negación. 

Negarme a mí misma fue lo primero que hice en este proceso de acumulación silenciosa. Creí que acumular representaba todo lo que somos y/o lo que nos gusta, pero también es todo lo que no nos atrevemos a filtrar o tirar o elegir. La nostalgia o la culpa nos incapacita para poder seleccionar qué se queda y qué se va, qué se necesita y qué ya no nos vamos a volver a poner no importa cuánto queramos entrar en esos pantalones de nuevo. Así que me descubrí negándome en lugar de aceptar que uno cambia, que la vida cambia, que todo cambia. Pensé en cuánto tiempo había sufrido queriendo ser la misma de antes omitiendo honrar los episodios que me fueron cambiando. Entonces tomé mis viejos pantalones y los doné. Algunos podrán pensar que una talla se puede convertir en una meta, en unas ganas de adelgazar, en una motivación. Pero al menos para mí, se vuelve en una mirada que me juzga y me hace sentir mal cada día que no avanzo para concretar ese objetivo. Una cosa es querer entrar en una talla y otra privarse del presente por obsesión del pasado. Una cosa es que la talla sea un pretexto y otra que se convierta en una prisión. Y ojalá todo fuera tan sencillo como dejar ir una talla de pantalón (note el sarcasmo de esta línea porque el peso, como el dinero, se trata de todo menos del peso y del dinero).

Hoy estoy en la frontera de los significados: siento que acumular cosas representa un desfile de mis debilidades pero también sé que acumular puede mostrar el salón de la fama de mi vida. Acumular puede ser tan negativo como positivo. 

En la columna que se quedó en la carpeta de mi antigua computadora (ah, porque les escribo desde mi nueva computadora) les ofrecía un tour por todas aquellas cosas materiales que solemos acumular y sobre el proceso personal de hacerlo.  Les hablaba de Marie Kondo y de la cochera de mi mamá. Esa columna se ha quedado acumulada en la pila de archivos de mi vieja computadora a la antigua, en un archivo fijo de Word. Este nuevo texto lo escribo hoy desde mi nueva computadora, desde Google Drive, porque lo de si vamos a seguir acumulando, que sea con elasticidad y portabilidad. 

Estoy muy contenta de estar de vuelta con ustedes y nos vemos cada viernes para contarnos cosas desde lo mismo de siempre. 

Con amor, 

Erika. 

Crédito de imagen:

“The Pile”, 2014.  Instalación. 

Jonas N.T. Becker

Fotografía: Jeff McLane

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