Revelaciones (y compromisos) de un taller de periodismo cultural en Sonora. 

Originalmente publicada en El Sol de Hermosillo para el suplemento cultural “Paréntesis” el 22 de febrero de 2026.

Por Erika Tamaura / colaboradora

Una de las cosas difíciles en la vida es intentar definir quién eres o qué haces en tres líneas tal como lo piden los espacios de perfil de “bios” en este mar del Internet. Me tomó un par de años y mucho proceso de aceptación concretar la mía en versión post-2020 la cual dice así: “Erika Tamaura es gestora cultural, educadora y periodista cultural”. 

Lo de gestora, ya lo sabía porque era lo que había hecho desde siempre; lo de educadora, era algo que pasaba invisible ante mis ojos porque era algo automático y que me salía de manera natural, pero como bien sucede con esas cosas o personas que nos acompañan sin pedirnos nada a cambio por su valor en nuestras vidas, es común que las demos por hecho sin reconocerles el lugar que ocupan en nuestra historia… me pasó eso con la educación hasta que mi situación de migrante me mostró mi realidad. Y lo de periodista cultural, pues en eso me temblaba la mano para escribirlo porque es un título que nunca he sentido merecido o sin las evidencias suficientes para nombrarme así. Sin embargo, el tema ha sido constante en mi trayectoria, le he perseguido como a un amante y hemos logrado un romance a la distancia que precisamente en este año, me ha pedido formalizar de manera estable y a largo plazo… pero una relación de pareja funciona por el compromiso de dos, así que primero quiero contar mi versión de las cosas. 

Al inicio de este 2026, en enero, mientras sucedía el Festival Alfonso Ortiz Tirado en el pueblo de Álamos, detrás de cámaras en una esquina, nos reunimos un grupo de apasionados por el periodismo cultural (con y sin experiencia en el tema) para participar en un taller con el pretexto del festival y para hablar sobre: “elementos básicos del oficio” pero lo que sucedería después me tomaría totalmente por sorpresa. 

No es que yo no supiera que Sonora es uno de los territorios que cuenta con agentes culturales de gran potencia, lo que yo no había visto de cerca era la mutación que ha sucedido tanto en la vieja guardia como en las nuevas generaciones, producto de un gran proceso de desarrollo cultural en el estado. Estoy hablando de décadas y décadas de trabajo realizado no por una persona, sino por todo un gremio conectado a lo largo del estado. Quizá mi visión se agudizó por que la vida me arrancó de mi Sonora querida para llevarme a Texas, pero quizá esto me permite ver de manera objetiva que el imaginario de las personas que están comprometidas y enamoradas del tema cultural en mi tierra, es para ser envidiado. Quizá quiénes están en Sonora en el trabajo de campo del día a día no lo ven con tanta claridad por el esfuerzo de empujar y resistir contra todo, pero yo sí lo veo. Yo veo el gran nivel de discurso y me llena de orgullo decir que yo soy producto de este poderoso colectivo. 

El taller de periodismo cultural inició con un proceso casi casi terapéutico sobre nuestro perfil como autores, explorando, recordando y reconociendo nuestra esencia a la par de las razones de nuestra fijación por querer contar lo que veíamos y vivíamos. Nos cuestionamos el momento actual de Internet y si estábamos ante la caída o migración de lo que había sido la promesa inicial de libertad por parte de la red. Hablamos también sobre la crítica cultural y de cómo puede ser un arma de destrucción despiadada si no sabe usarse de manera quirúrgica y de repente, cuando me descuidé, ya estábamos hablando de política cultural, de programación y curaduría de festivales, de diagnósticos, de evaluación de resultados, de formación y fidelización de las audiencias y de democratización cultural. Entonces yo ya no sabía si estaba dando un taller de periodismo cultural o de gestión cultural aplicada. 

Cuando menos me dí cuenta, ya estábamos haciendo proyectos para hacer una sala de opinión y encuesta ciudadana en Álamos durante el festival para el año que entra y medir impactos ayudándonos con alumnos de servicio social de las universidades; nos cuestionamos porque no había un recinto virtual con antecedentes e historia, que no dependiera de cada cambio de sexenio para ser borrado y que tal vez la ciudadanía debería tomar cartas en el asunto; y ya estábamos a punto de mandar un oficio para solicitar la historia del festival y hacer una memoria desde el punto de vista de los restaurantes, los bares y los vendedores en las calles de Álamos… y entonces fue cuando me detuve y dije: “A ver, ´pérense plebes, a lo que veníamos era a otra cosa…” y fue precisamente ahí dónde supimos que no, que efectivamente era exactamente esto a lo que veníamos, porque el periodismo cultural no se trata solo de hablar sobre eventos artísticos o libros o exposiciones… el universo que tenemos por contar es inmenso y se encuentra en nuestra rutina, en nuestros modos de vida, en lo que decidimos y lo que dejamos de hacer, en lo que comemos y gozamos, en nuestras preocupaciones, en lo que nos hace felices, en lo que ya no está, en lo que estamos dispuestos a defender y en lo que está aquí latente frente a nosotros. 

Entonces, como en una relación de pareja se necesita compromiso, aquí vengo a decir enfrente de todos ustedes, que sí acepto mi título de periodista cultural como una responsabilidad que me enciende el corazón (no por ello fácil) y espero que todos ustedes los que piensan que son amateurs o que el título no les va por no ser publicados en algún medio de comunicación visible o por no tener un premio Pulitzer, respondan a su compromiso también, porque estamos llamados a contar, a decir, a mostrar, a contribuir desde la generación y narrativa de nuestros propios espacios para provocar cosas. 

Agradezco al Instituto Sonorense de Cultura que nos abrió las puertas a mí y a este grupo de apasionados por el tema para llevar a cabo un taller cerquita del corazón del FAOT. La convocatoria reunió un registro de 54 personas de diferentes partes de Sonora y México, con participantes de Hermosillo, Cajeme, San Luis Río Colorado, Guaymas, Nogales, Nacozari, Álamos y Nogales; así como de Puebla, Oaxaca, Tlaxcala, Baja California, Sinaloa y Ciudad de México. De las personas registradas, el 63% no contaba con experiencia previa en periodismo cultural y al final, 11 integrantes pudieron asistir de manera presencial al Festival Alfonso Ortiz Tirado en Álamos, Sonora y se elaboraron 9 productos finales como ejercicios prácticos del taller sobre eventos de la programación del festival tanto de modalidad presencial como virtual, mismos que estamos a punto de publicar con la ayuda de Agencia Narrativas, El Sol de Hermosillo y Telemax para compartirlos, darles visibilidad y memoria, pero sobre todo, para motivar a más personas a participar en esta actividad tan vital para el desarrollo cultural regional como lo es el periodismo cultural en sus localidades. 

Contemos las historias. Contemos nuestra historia. Contemos todas las historias. 

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Erika es gestora cultural, educadora, migrante y periodista cultural. 

Actualmente imagina la agencia de gestión cultural Node Point US desde la frontera sur de Estados Unidos. 

Colaboradora de Transit Projectes, Socia de la Red SURES programa internacional de residencias para gestores culturales.

Contacto: nodepointus@gmail.com 

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