Otra vez septiembre.

Otra vez que no hice lo que dije que iba a hacer. Otra vez decoraciones de Halloween y Navidad en Septiembre. Otra vez que no fui al gimnasio. Otra vez el equinoccio. Otra vez sintiendo que la vida va más rápido que las horas que me alcanzan solo intentar. Otra vez lo mismo de siempre. 

Otra vez que ya viene un año electoral. Otra vez que digo que voy a leer esos libros y siguen ahí. Otra vez decimos que qué rápido se fue el año. Otra vez que no ganamos un mundial. Otra vez que me agarran las prisas para mis compromisos de octubre. Otra vez que el Pumpkin Spice Latte llega antes de temporada para alcanzar a cumplir las ventas antes que llegue el Peppermint Mocha… otra vez seguimos aquí. 

Pero sabe que no va a pasar otra vez en este septiembre: la pelea del Canelo en Las Vegas. Y eso ya es algo para variar. 

Sigo sin poder salir de unas arenas movedizas en las que me metí hace un tiempo. Sigo sintiendo que por más que me levante a las cuatro y media de la madrugada nomás no me dan las horas. Y lo que es peor, cuando tengo el tiempo, prefiero procrastinar con el pretexto de “descansar la espalda”. Tengo tanto que contarles y tanto qué hacer y sigo con mi bloqueo de alargar mi comunicación pública. Sigo con la demora de mi vínculo con las redes y sobre todo, practicando el olvido involuntariamente. Una de las razones por la cuál estoy enamorada del registro de evidencias es porque amo recordar. Saltos cuánticos pa´delante y pa´trás. Siento que quizá mi entrenamiento en mis años de juventud de haber estado saturada y tener la energía para hacer varias cosas a la vez mientras estaba soltera y sin hijos se ha quedado prendida de algún músculo de mi cuerpo y ahora creo que necesito llegar lo más cerca de la fecha límite para activar la adrenalina del último momento. El problema es que con la edad, esa adrenalina ya no me funciona tan bien y mi tiempo ya no es solo mío. Además, siento que las dudas normales de llegar a un punto de evolución afectan a la ejecución también.

Entonces, septiembre se convierte en mi “otra vez” ya no hice lo que dije que tendría tanto tiempo para hacer con calma y con vibra de “slow living” y de nuevo, me encuentro aquí, apurada por las cosas y alimentando mi compasión de pensar que el próximo año será diferente.

Besos,

Erika.

El crédito de foto es de Maria Loor.

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