Margaritas

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Una margarita con Dios. Bueno, dos.

Mi amiga, a quien considero mi hermana mayor, me dijo que debería hablar con Dios. Y yo le dije que sí lo hacía, que siempre me levanto y le digo “Dios… Tu ya sabes que necesito así que ahí ya tu sabes.” Y mi amiga-hermana me dijo, así no, tienes que tratarlo directamente, tienes que doblar la rodilla y toda la cosa, además tienes que preguntarle que es lo que él quiere. Entonces yo me dije, bueno, ahorita no estoy así como que con mucho ánimo de hincarme, así que mejor me siento tranquilamente y le pregunto a Dios mientras me tomo una margarita. Eso de preguntar tampoco me ayudo mucho, porque mientras preguntaba yo misma me respondía y luego me dije de nuevo: tengo que orar. Necesito las respuestas y pronto. Entonces pedí la segunda margarita. Y seguí en blanco. Como cuando estás en una junta de proyectos donde…

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