Adieu, adieu. Todo mi amor.

“Hace doce horas todavía estábamos juntos, y ayer, en este mismo instante, te abrazaba. ¿Te acuerdas? ¡Qué lejano parece! Ahora la noche es suave y cálida. Mientras escribo, tengo delante tus pequeñas zapatillas; me quedo mirándolas. Aquí, encerrado y solo, he dejado a un lado todo lo que me diste. Tus dos cartas están en la bolsita bordada y las voy a releer en cuanto haya lacrado la mía. No te es­cribo en mi papel de carta habitual, este tiene un margen negro y no quiero que nada triste pase de mí a ti. No quiero provocarte nada más que alegría, y rodearte de una dicha tranquila e interminable, para compensarte un poco por la desbordante generosidad del amor que me has dado.

Yo te miraba todo el tiempo e, incluso en plena oscuridad, todo tu rostro parecía iluminado por tus ojos. Me parece que estoy escribiendo mal -leerás esto sin emoción-, no estoy diciendo nada de lo que quiero decir. Mis frases se amontonan como suspiros, para entender­las tendrás que añadir lo que debería ir en medio. Lo ha­rás, ¿verdad? Cada letra, cada giro de los caracteres que escribo, ¿te harán soñar? De la misma manera que la vi­sión de tus pequeñas zapatillas marrones me hace a mí soñar con los movimientos de tus pies cuando estaban dentro de ellas, cuando las calentaban. Como bien puedes ver, soy incapaz de concentrarme. Esta noche no me apetece nada ser un crítico.

Solo quería enviarte otro beso antes de dormir, decirte que te amo. Apenas si te había dejado -y cada vez más a medida que me iba alejando de ti- cuan­do mis pensamientos ya volaban de vuelta a ti, más velo­ces incluso que el humo que veía ondulando hacia atrás desde el tren. Aquí: un beso, rápidamente -tú sabes de qué tipo-, del tipo al que se refiere Ariosto, ¡y otro y otro! Aún otro, y por último uno más justo debajo de tu barbilla, en el lunar que amo, donde tan suave es tu piel; y otro en tu pecho, donde reposo mi corazón. Adieu, adieu. Todo mi amor.”

-Carta de amor de Gustave Flaubert a Louise Colet. Croisset, agosto de 1846.

El martes pasado ví la película de Madame Bovary, la versión 2015. Y me pareció justo que en vísperas de San Valentín, leyéramos una carta de amor plena, sincera, real. Dichosos aquellos quienes puedan leerla con el corazón palpitante y que puedan sentir cada palabra como si fuera suya. Porque eso hace el amor, nos vuelve cursis y poetas.

Todos necesitamos poesía en nuestras vidas.

Esta carta es un ejemplo innegable de poesía. Y necesitamos de ella porque es la forma de oxigenar los momentos que atravesamos: perdidas, encuentros, despedidas, alegrías, temores, pasión, desesperación, calmas, tempestades… desde mi propio oxígeno, les pregunto: que otra manera habrá de describir la mirada de los amantes que han encontrado el significado del amor verdadero acompañado del dolor de la distancia, el vértigo de la espera, el beso que ahoga y las lágrimas a la luz de la noche por una despedida que nunca terminará de consumarse? porque los amantes están unidos a pesar de su propio consentimiento.

Por eso necesitamos la poesía.

Porque es imposible contener toda la emoción en un corazón sin desfallecer de sentimiento. La poesía es necesaria, porque es la calma en nuestra tempestad. Les escribo esto mientras observo en otra ventana de mi pantalla un detalle de la escultura “El beso”, en el Museo Rodin, de Paris. Paris… algún día iré a Paris y espero que sea verdad todo lo que dicen de ella. Sin embargo, tampoco importa mucho la verdad, es posible también vivir con la sola idea en la mente y ver algún cuadro o fotografía de vez en cuando para un suspiro.

Que tengan un lindo fin de semana lleno de amor y chocolates. Feliz San Valentín a todos.

 

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Estoy de acuerdo con la crítica, los amantes de Emma se quedaron en corta representación. Sin embargo, la fotografía me encantó. Si es como para estar con tus propios pensamientos, observar la pantalla y en silencio. Sin embargo, la serie de la BBC me enamoró totalmente.

The men in Emma Bovary’s life are reduced to their caricatural essences, and played with respectable craft by actors whose participation has a way of making any movie look a little better than it is.

http://mobile.nytimes.com/2015/06/12/movies/review-madame-bovary-features-mia-wasikowska-as-a-notorious-adulteress.html?referer=&_r=0

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