La bella rutina

Refracción es una columna semana para Proyecto Puente, publicada los días lunes.

“Aquí yo, otra vez, arrastrándome en el pantano de los rotos

 o flotando feliz entre la euforia de los vivos, idéntica a mí, 

la muy sincera, la muy falsa, la esquiva, la insensible, la mísera, 

la idiota, la astuta, la excesiva, la austera, la retrógrada, la feminista, 

la jurásica, la iracunda, la violenta, la agresiva, la suave, la tan suave, 

aquí yo, yo, yo, la egocéntrica, la narcisa, la modesta, 

la muy humilde, la tan humilde, la soberbia, la confundida, la preclara, 

la confusa, la confesa, la caníbal, la cobarde, la cursi, 

la que habla de sí, la que no habla de sí, la que solo habla de sí,

la impávida, la fría, la muy cálida…

-Leila Guerriero 

Despierto, en una almohada que a veces se siente lo suficientemente dura para sostener mi cabeza y en las que otras devora mi cuello como un ancla de plumas y que es cómplice de esos malos sueños en los que no sé si la pesadilla ha provocado mi dolor de cabeza en la madrugada, o es el dolor de cabeza lo que hace que tenga pesadillas… A pesar de ello, nunca despierto de mal humor. 

Me gusta amanecer. Me gusta que acabe la noche, salvo cuando llueve: amo el sonido de la lluvia cuando uno pernocta. Saludar. Besar. Esperar el agua caliente, ducharse, no sentir hambre y hacer desayuno. La mesa, la estufa, el refrigerador. El sonido de la máquina de café goteando. Conversar. Escuchar las noticias, decir buenos días en Twitter, revisar finanzas, hacer listas, tomar agua. 

Observar los libros que no he leído sin tocarlos y decir que hoy los leeré. Sentir hambre. Comer. La misma mesa, la misma estufa, el mismo refrigerador. Descubrir para que sirve la revista bon appétite.Hacer tableros en Pinterest sobre lo que quiero, lo que deseo, lo que me gusta, lo que se me antoja. Lo que se ve lindo. Lo que no conozco. Lo que se puede, lo que no. 

Revisar mi teléfono, mi correo, mis cursos. Mandar mensajes a mi mamá, mis tías, mis amigas. Descubrir que el día se va y no vuelve. Sentirme feliz. Sentirme en paz, protegida, entusiasmada, emocionada. Enojarme, llorar, intentar ganar un argumento, desistir, reconciliarme. Intentar saber más de la naturaleza humana, descifrar el significado de trascender, hablar de política, ir a lugares, verlo todo, quererlo todo, comprar una cosa. Ir a la tienda y tomar una alcachofa y no saber como cocinarla. Tener hambre de nuevo, cenar, caminar, conversar. Escuchar música, risas, pasos, el sonido de la lavadora. 

Servir una copa de vino, ver las estrellas y el cielo con los colores del día que se escapa. Descubrir luciérnagas, escuchar grillos, ver la luz dentro de la casa. Cambiarse de ropa para dormir. Esperar el agua caliente. Odiar desmaquillarme, mirarme a los ojos en el espejo, aplicar humectante, vitaminas, suero, cremas. Inclinarme hacia mi reflejo para ver los surcos apareciendo en mi frente. Decir que mi madre tiene razón al alertarme de no fruncir el sueño. Hacer una fiesta por entrar a la cama. Acomodarme. Revisar por última vez mi teléfono, conectarlo a la corriente, escuchar que empieza a llover. Platicar, reír, enamorarme, reconocerle, amar… orar en una nueva religión, la propia, la construida a medida. La que nos haga felices. La que necesitemos. Despedirme. Besar.  

Dormirme… en una almohada que a veces se siente lo suficientemente dura para sostener mi cabeza y en las que otras devora mi cuello como un ancla de plumas que es cómplice. Amanecer…

#YourShotPhotographer

Crédito de foto: 
“River of light”de Takashi Zenihiro, temporada de luciérnagas. 
National Geographic photography community “Your Shot”
Síguela en Instagram como  @NatGeoYourShot
#YourShotPhotographer

Deja un Comentario

Navegar