Ángel Mestres: “No habrá desarrollo económico sin desarrollo cultural”.

Entrevista original en catalán por el CERC.

Traducción al castellano:

El Centro de Estudios y Recursos Culturales (CERC) de la Diputación de Barcelona organiza “Interacción” un punto de encuentro entre responsables y profesionales de la cultura del sector público, privado y asociativo siendo un referente de debate y aportación de ideas en este ámbito.

Con motivo del curso “La colaboración en el ámbito de la cultura como estrategia de innovación”, el equipo del CERC ha entrevistado Ángel Mestres, director de Tránsit Projectes, Coordinador Académico del Máster en Gestión de Empresas e Instituciones Culturales y del Postgrado de Gestión de Proyectos Culturales de la Universidad de Barcelona. Docente en varias universidades y organizaciones académicas internacionales.

*Si eres Profesional de la cultura o Estudiante de máster universitario de Gestión cultural, Patrimonio, Museología o Turismo cultural, puedes darte de alta como miembros de la comunidad.

CERC: Los ayuntamientos cada vez son más conscientes de la aparición de una serie de agentes que funcionan de manera soterrada, fuera de los canales administrativos, políticos y culturales habituales. Tú los has llamado agentes “bajo radar”. ¿Cómo son y cómo funcionan?

Ángel Mestres: Estos agentes bajo radar son variados y múltiples. Aparecen a menudo de manera tenue, pero se trata de colectivos, entidades, proyectos o personas que trabajan en un territorio y que, por diversas razones, se encuentran fuera de nuestra longitud de onda. Puede suceder que no contactamos con estos agentes bajo radar, aunque hagan una tarea muy interesante, por diferentes razones: ya sea por algo tan sencillo como la incompatibilidad horaria, porque trabajan unos temas diferentes a los nuestros, etc. Lo interesante es ver que el esfuerzo de contactar supone crear una cultura. Estos agentes fomentan que cualquier política cultural salga reforzada, y de esta manera se pueden hacer unas políticas culturales fuertes que se pueden extender por todo y que pueden responder al día a día de lo que necesita el territorio.

CERC: Existe el peligro real de que una parte del activismo cultural, especialmente el más joven, se organice de manera definitiva al margen de la administración, ¿esto se debe a que no sintonizan con su discurso o porque ven las instituciones como algo ajeno?

AM: Cuando hablo de cosas que pasan fuera de la longitud de onda esto implica no sólo el ayuntamiento, sino también las entidades. Cualquier organización o colectivo debe darse cuenta de que no puede salir adelante en estos tiempos que estamos viviendo -y no me refiero ahora a la pandemia, sino a los tiempos actuales- si no colabora con otros agentes, ya sean ayuntamientos , colectivos autónomos, independientes o autárquicos. Y esto es válido seas quien seas y donde estés.

CERC: ¿Qué pueden hacer los ayuntamientos para volver a ser atractivos, sobre todo para los más jóvenes? ¿Hay más horizontalidad? ¿Actuar sólo como impulsores y no como controladores de procesos?

AM: Hay que repensar la actitud ante esta manera nueva de trabajar. Hay por tanto un tema actitudinal, y eso quiere decir que yo no puedo cambiar mi manera de trabajar si no hay un cambio de actitud. Bob Dylan decía que los tiempos cambian, y ahora la canción debería decir que los tiempos cambian muy rápidamente. Por lo tanto, si los tiempos cambian tan rápidamente significa que yo, técnico de cultura, gestor cultural o miembro de un proyecto, tengo que ser capaz de cambiar mi actitud.

El segundo elemento importante es trabajar en red, lo que implica la capacidad de establecer, en primer lugar, vínculos conceptuales. Y eso significa saber quién actúa, quién hace qué, qué sé de determinado colectivo… es decir, compartir conceptos y conocimientos. Hay un segundo tipo de vínculos más prácticos, como los económicos, que se vehiculan a través de convenios, subvenciones o licitaciones, necesarios para poder trabajar en red. Y el tercer vínculo es emocional y tiene que ver con el grado de confianza, con el feeling. Para poder fortalecer la acción no es suficiente con establecer un solo vínculo, por ejemplo el de subvenciones, porque entonces faltaría el vínculo conceptual y la emocional. Si sólo tenemos la emocional, mal, porque nos faltarán otros. Para trabajar en red hay que establecerlos, de manera más o menos intensa, los tres a la vez. Un ejemplo de esto lo podemos ver en el programa innovacultural.

CERC: Ahora,  has mencionado la necesidad de cambiar de actitud. ¿Los técnicos culturales deben cambiar de chip ante el nuevo paradigma de la colaboración? ¿Hay que trabajar por proyectos concretos?

AM: Recuerdo, trabajando a un grupo editorial muy grande como director general, un consultor comentando de que nuestro entorno era complejo y competitivo. El presidente le respondió: “si piensa que hay algún entorno que no sea complejo y competitivo no está aportando nada nuevo”. Por lo tanto, de alguna manera preguntarnos si debemos cambiar de actitud frente al entorno es asumir que las actitudes y el entorno varían. Los más viejos, y las canas ayudan, hemos visto ciertos movimientos de péndulo en algunas cosas. No negaremos que la animación sociocultural fue en su momento hacia la gestión cultural y ahora no es que regresamos, sino que volvemos a valorar determinados aspectos. Mirando-te en macro se puede observar este fenómeno. De hecho, la segunda sesión del curso trata justamente del cambio de la actitud.

CERC: De acuerdo con lo que acabas de decir, ¿cómo puede afectar la aparición de los agentes bajo radar en la visión centralizada y hasta cierto punto paternalista de la gestión cultural como creadora y difusora de modelos y discursos? ¿Podemos dar por concluido este modelo dirigista?

AM: Sí y no. Antes me he dejado algo importante, referida a las nuevas formas de participación. Hay algunos elementos clarísimos al respecto. Por ejemplo: ¿tiene sentido en los tiempos que estamos viviendo decir que un equipo es un centro cultural? ¿Alguien es centro de algo? Por lo tanto me parece importante abrir la terminología y decir que no somos el centro de nada y que, en cambio, somos nodos de redes que hacen que la relación sea mucho más entre partes, con lo cual la relación es mucho más equilibrada. Hoy he hablado de las tres T de Richard Florida: talento, tecnología y tolerancia, y, como dicen los amigos de Conexiones Improbables, estaría bien que estas T evolucionaran hacia la transparencia, la transferencia y la trascendencia. Y me baso en esta última. No se trata tanto de cambiar el modelo centralizado sino de establecer proyectos, relaciones y acciones que sean trascendentes para las comunidades, y esto hará que se les otorgue un valor. Y conseguir esto desde la centralización es francamente difícil.

CERC: Hablamos de la colaboración entre los agentes culturales y los ayuntamientos. ¿Qué estrategias hay que impulsar en este sentido?

AM: Lo que podemos ver es que hay unas estrategias formales y otras más informales. Por un lado, hay estrategias que tienen que ver con la identificación, con el hecho de reconocernos y que nos reconozcan, y esto se puede traducir en directorios de entidades, en la capacidad de crear redes sociales, etc. Primero hay que conocernos. Yo vivo en un pueblo y muchas de las cosas que pasan las desconozco.

Después hay metodologías que tienen que ver con cómo nos relacionamos y cómo apoyamos a los otros; es decir, cuál es nuestro rol y qué apoyo ofrecemos y eso debe variar. Primero hay que entender cómo debe ser esta relación. A continuación hay que analizar qué modelo jurídico nos ampara en todo lo que tiene que ver con las subvenciones, convenios, etc. con el fin de establecer los puentes jurídicos, y, por último, hay que clarificar exactamente cuál es la gobernanza de estas relaciones. Se trata de tres elementos diferentes: el primero busca entender de qué podemos hablar. El segundo implica facilitar la tarea a intervención, mostrando cómo se pueden articular las cuestiones legales, y el tercero implica saber cuál es la gobernanza.

Hay algunos elementos que tienen que ver también con repensar la organización interna, porque es evidente que, si queremos hacer un cambio estratégico en la manera de trabajar la cultura y el territorio desde los entes locales, hay que modificar la relación, el apoyo y la identificación de estos elementos, y eso supone hacer cambios que tienen que ver con el modelo de organización.

CERC: ¿Crees que Cataluña tiene un modelo propio de políticas culturales o más bien se está siguiendo una estrategia de copiar y pegar? ¿Consideras que necesitamos un nuevo impulso o pacto cultural que sirva de empuje en el país?

AM: Sí en la parte final: falta un modelo cultural. No es un trabajo fácil. Ayer leía un artículo muy interesante de Anton Costas en el que decía que una cosa es el estado de bienestar y la otra el contrato social. Por lo tanto, una cosa es el PECCat que hace la Generalitat de Catalunya, un trabajo muy bueno y que sirve para ver dónde debería llegar este estado de bienestar. Pero este ogro filantrópico, citando Octavio Paz, es muy difícil que se desarrolle y eso hace que hablamos del estado relacional. Por lo tanto tenemos que concebir el plan de actuación de las políticas culturales desde el concepto de estado relacional, asumiendo que el estado no llega ni llegará a todas partes y otras entidades lo están haciendo o lo harán y por tanto hay que generar un marco de relaciones con la ciudadanía.

La cuestión de fondo es que, por mucho desarrollo del estado de bienestar y de las políticas culturales que haya, lo que no se puede hacer es romper el contrato social, y en el ámbito de la cultura pienso que está roto. Hay una precariedad muy grande, se han interrumpido las relaciones mínimas y las normas de juego están muy desdibujadas. Es necesario y urgente rehacer este contrato social y esto no pasa sólo por tener planes, aunque ayudan, sino para establecer un new deal con la capacidad de reformar este contrato social estableciendo las formas de participación de acuerdo con un elemento complejo como es la gobernanza.

 

CERC: Has ejercido la docencia en muchos países del mundo. ¿Qué semejanzas y diferencias observas entre nuestras políticas culturales y las de otros países?

AM: Recuerdo con mucho cariño el compañero Joan Pedregosa, que desgraciadamente nos dejó muy pronto, y sus “máximas” llenas de una visón absolutamente pragmática de la gestión cultural y de la vida.

Hubo un momento en que España tuvo un cierto papel de liderazgo de la gestión cultural en el ámbito latinoamericano; era la época en que apareció el documento de la Aecid, liderado por Alfons Martinell, que situaba la cultura como el cuarto pilar del desarrollo; España encabezaba este discurso, al margen de los colores políticos que gobernaran. Y Cataluña, a través de la llamada “Escuela Barcelona”, lideraba también numerosos proyectos de reflexión y acción. Todo ello creció mucho en América Latina, con debates muy interesantes que desecharon los discursos recolonizadores.

Joan Pedregosa afirmaba que, con la crisis de 2008, España se “llatinoamericanitzar”, en el sentido de que se perdió el papel del Estado en la dimensión local, y no se puede entender una cultura de desarrollo sin una presencia estatal o de la administración en lo local. Esto en América Latina no está, todo está muy centralizado. Y aquí no lo encontramos en tanta medida pero se ha precarizado fuerza. Compartimos, sin embargo, elementos que tienen que ver con discursos y un corpus teórico bastante similar, con la noción del eurocentrismo siempre en tensión, pero haciendo al mismo tiempo proyectos en común.

CERC: A menudo has abogado para establecer alianzas entre los sectores públicos y privados, a partir de proyectos concretos y complejos. Esta también es una forma de colaboración …

AM: Sin duda. Y aquí podemos tener diferentes variantes: público-privado, público-público, privado-privado, privado-público … Aquí la promiscuidad, por decirlo así, es necesaria y, cuanto más capacidad tengamos de establecer complicidades, mejor. No hay organización en el mundo que sea capaz de trabajar sola, ya que necesita alianzas. A veces pueden ser alianzas conceptuales, a veces con proveedores, a veces con la competencia o con gente que haga cosas similares. Estas alianzas son necesarias para crear, como dices en tu pregunta, proyectos más complejos.

En la tercera parte del curso hablamos de la necesidad de hacer alianzas porque nadie tiene todo el conocimiento necesario. El tema de las alianzas en América Latina tiene un peso importante pero aquí también: puede ocurrir, por ejemplo, que un territorio pequeño gane un proyecto europeo y que tenga más capacidad para ejecutarlo una fundación (pequeña o grande) que el propio ayuntamiento . Quiere decir que ya no se trata de pensar que el ayuntamiento sólo tiene el dinero, sino que la colaboración es celebrar que tengamos un proyecto común. Y a veces esto implica, de manera muy pragmática, que dispongo de tres NIFs: el del ayuntamiento, el de la entidad A, que colabora, y el nif de la entidad B, que trabaja en otro territorio. Esto supone incrementar las posibilidades de buscar otros socios, de conocer otras personas, de contactar con otros proyectos. Y, volviendo al pragmatismo, supone también disponer de tres NIFs para buscar otras fuentes de financiación.

CERC: En el mundo cultural estamos observando por un lado la concentración en grandes grupos empresariales y por otro una proliferación muy rica de pequeñas iniciativas que consiguen encontrar su público y apuestan por producciones más arriesgadas. ¿Como ves esta dualidad?

AM: Esta proliferación la veo fantástica. Autores como Baricco nos recuerdan que el mundo está cambiando y que hay ciertos ultramundo que se despueblan mientras otros se pueblan. Y en este sentido creo en las entidades pequeñas que son capaces de consorciar pensamiento y acción con otras entidades, y son capaces de ser más ágiles y de moverse de manera más rápida. André Schiffrin decía: ¿debemos ser editoriales pequeñas que acabamos triunfante para que nos compren las editoriales grandes o debemos seguir siendo editoriales pequeñas? Esta tensión existe hoy en día.

Hay que tener en cuenta que los proyectos pequeños necesitan y necesitarán la presencia del público. Aquí entramos en la cuestión de la sostenibilidad. Lo que es evidente es que un microteatro o una sala de un pueblo de cincuenta plazas, ningún estudio de mercado ni consultoría la hará rentable. Pero, al mismo tiempo, reconocemos que es necesario que sea para que allí nace la diversidad cultural de nuestros proyectos, porque son espacios de convivencia, de difusión, de experimentación y de creación. Justo en el último trabajo que llevé a cabo, el Plan Integral de Teatro, se hacía evidente que esta supervivencia es complicada, son proyectos amenazados debido a su difícil sostenibilidad económica, ya que nunca vivirán los ingresos, y también para otros muchos elementos que determinan su futuro (como la ley de accesibilidad u otros …).

CERC: Y por último, no podemos concluir sin preguntarte por el mundo cultural que vendrá después del COVID-19…

AM: Esta era la pregunta estrella de mayo a noviembre del año pasado. Sigo afirmando lo mismo que decía entonces: Soy pesimista porque ya era pesimista antes. Hay cuestiones candentes como el estatuto del artista, temas como la precariedad del sector … Estamos llegando con pocos recursos a muchos proyectos y es necesario un incremento presupuestario.

No utilizaré elementos como que la cultura nos salva, aunque estoy de acuerdo, pero quiero remarcar que, antes, una sociedad desarrollaba proyectos culturales cuando había bonanza económica. Cuando un territorio / ayuntamiento tenía bonanza económica, ya fuera a través de una donación, del mismo ayuntamiento o de la sociedad civil, se creaba un centro cultural. Esta lógica, según la cual el desarrollo económico nos llevará al desarrollo cultural, ha cambiado totalmente en los últimos tiempos, dado que no habrá desarrollo económico sin desarrollo cultural. Y esto implica apostar claramente por los proyectos culturales y entender que la cultura nos empodera para podernos defender en un mundo cambiante. Y nos empodera también para poder hacer frente a la Covid-19. Pero la Covid-19 no es la causa de mi discurso sino que, por desgracia, sin la Covid-19 podría estar diciendo, más o menos, lo mismo.

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