Sobre las batallas… y una noche en Puebla. 

Refracción es una columna sobre periodismo, cultura & atardeceres en Sonora y se publica todos los jueves en Proyecto Puente. 

“Aquí tengo el claro de luna que quito de tus hombros.

En tu garganta se encienden y se apagan mis tímidas estrellas.”

-Vasko Popa, Lejos de nosotros.

5 de mayo… me rehusaba a escribir de algo tan obvio en la agenda. Sin embargo, mientras buscaba algún tema para platicar con ustedes, me topé con la página oficial de www.5demayopuebla.mx y empecé a ver fotos de Puebla y empecé a recordar…

A Puebla he ido dos veces. Ambas en medio de batallas personales. Una de esas ocasiones la recuerdo casi como en un sueño. Como cuando despiertas y sabes que sentiste algo sumamente vívido mientras dormías. Llegué a Puebla nerviosa, con el corazón abierto, intentando estirar el tiempo y los minutos. Recuerdo bien estar dentro del carro, decidiendo a donde ir, mientras construíamos significados, de cerca… el aire de Puebla en esa noche era intermitente, iba y venía junto con las luces de los carros que nos pasaban. Yo sólo tenía mente para una cosa, todo lo demás me parecía difuso.

Me encontraba detenida en una banqueta de alguna esquina en Puebla. Afortunadamente detenida. El tiempo corría tan injustamente. Demasiado rápido. Ahora que lo pienso de nuevo, si pudiera volver a ese viaje, lo haría todo más lento y me preocuparía menos por cualquier cosa de la que uno piensa que hay que preocuparse y pasaría más tiempo disfrutando. Todo fue demasiado rápido, perosuficiente como para lograr desactivar una de las batallas más arraigadas de mi vida, cuya victoria no la visualicé en ese momento, si no hasta el día de hoy, mientras les escribo. De noche, Puebla se vehermosa desde un balcón.

¿Cuál es una de las batallas (ganadas o perdidas) que más resuena en su mente en este momento? ¿Recuerda esa sensación de victoria o derrota? ¿Cómo maneja usted el ganar o perder? En mi caso, yo era una muy mala perdedora, me frustraba. Mucho. Era una cosa intensa la mía por querer tener siempre la razón y por ganar a toda costa. Pensaba que si no lo hacía, simplemente entonces la batalla no significaba nada. Ahora, he entendido que muchas batallas se ganan retirándose. Perder, por más cliché que suene, tiene sentido. Más, cuando la batalla se pierde frente a nosotros mismos para un bien mayor y una lección de vida.

Creo que la victoria que gané en Puebla es esta: he comprendido al fin, la importancia de rendirme y renunciar ante mi obsesiva necesidad de la preparación y el bosquejo de los momentos importantes de mi vida, de mi eterna tentación decontrol y justificación de argumentos en mi mente que desean establecerse sobre lo que el corazón pauta. Dentro de mi catálogo de batallas, las cuales se pueden organizar por orden alfabético, colores, tallas y por director´s cut, guardo una aúninconclusa. Una que camina en mi mente en círculo, y a veces me confronta. Afortunadamente, es una batalla amable, una que tiene que ver con el “Qué hubiera pasado sí…”

Ahora entiendo porque no es bueno apresurar los segundos y mientras envío un mensaje de whatssapp, pienso que a veces, las batallas te llevan a situaciones afortunadas, realmente afortunadas.

Aún puedo imaginar y oler la noche en Puebla. Para una mujer del desierto, los seres del sur siempre representan sorpresas y descubrimientos hermosos. Puebla me evoca cosas maravillosas. En especial, mi batalla personal por querer configurar el tiempo y los momentos. Qué iba yo a saber que uno no puede manipular el hilo de la vida pues. Mi obsesión porcontrolar los escenarios, ha sido mi flanco débil… hasta ahora.

Puebla, ha representado una de las pocas batallas que he ganado frente a mí misma bajo el extraño toque del destino y mi conciencia personal. Bien dicen que uno debe elegir bien sus batallas… esa noche en Puebla, elegí la mía: una dulce, anunciada y afortunada. Esa noche en Puebla me hace recordar que si uno se abre y escucha amorosamente el pulso de la vida, puede que vislumbremos victorias inesperadas que aún estén por ganarse. Esa noche, la guardo en mi corazón.

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