La fe del gestor cultural.

Nokta es una columna cultural semanal y se publica todos los viernes en sección Acentos, en Tribuna del Yaqui. 

Llegó un artista a mi escritorio y ví su semblante de desanimo y depresión. Tal vez, era porque ya son muchos años en esto, pero yo no me ablandé. Al contrario. Lo encaré y le dije que ésto era un trabajo y que había que ser creativos, que teníamos que seguir sin importar las contingencias. No podia ver el cambio en su rostro. Seguía igual.

Hace tiempo aprendí que el trabajo por la cultura tenía que superar los terremotos emocionales. Hace tiempo aprendí que esto es más que inspiración. El trabajo por la cultura implica una disciplina importante. Una responsabilidad vital para no dejar esfuerzos, recursos y relaciones al humor de la naturaleza

Estoy frente a mis alumnos mientras les escribo. Ellos están leyendo un texto sobre evaluación de procesos culturales. El primer día de clases de este nuevo semestre les dije: no me importa si están deprimidos o no, necesito todo de ustedes. La gestión cultural no se trata de novelas rosas ni de inauguraciones con vino y notas de prensa, no se trata de aplausos y de grandes divas. La gestión cultural se trata de constancia, de fiereza sobre seguir un método y visualizar un modelo que le de sentido a las acciones.

He estado reflexionando sobre qué es en lo que creemos los gestores culturales a raíz de una entrevista que estoy redactando para el Maestro Alfonso Hernández Barba… inicié a responder las preguntas y no pude continuar. Cerré la laptop y desde entonces he estado pensando sobre qué es lo que creo como Gestora Cultural.

Ahora lo sé, esta semana para mí ha sido importante. Hay algo que separa a las personas de otras: la disciplina.

Mi hijo, en esta primera semana de clases hizo que yo tuviera una gran revelación. Erik me dijo el miércoles llorando: mama ya no quiero ir a la escuela, me duelen mucho los brazos, me golpeé el pie ayer, hace mucho calor, tengo sueño y estoy cansado. Por un momento, mi corazón de pollo hizo que le dijera: mi amor, no vayas, quédate y mañana vas. Mi hijo dejó de llorar y terminó su desayuno muy feliz. En eso, reaccioné. Lo levanté, le puse su desayuno en un refractario y lo subí al carro. Mi hijo estaba muy confundido. -Mamá, me dijiste que estaba bien que no fuera, porque me siento mal- Me estacioné fuera de la escuela, apagué el carro y me giré para verlo de frente y le dije: sabes cuantas veces me he ido a trabajar con dolor de cabeza, de espalda, sin dormir y sintiéndome terriblemente mal? muchas, le dije.

Tu eres un niño responsable, así que si estás cansado y te duelen los brazos, resuélvelo: camina más lento, haz las cosas más despacio, tomate pequeños descansos entre las clases, pero tu vas a cumplir con tu deber de estudiar. Si yo no fuera a trabajar, no comeríamos, así que cuando me siento mal, pienso en mi responsabilidad y cumplo.

Erik se bajó del carro sin quejarse y no me ha vuelto a decir que no quiere ir a la escuela. Creo que pasa lo mismo con la gestión cultural.

Estamos acostumbrados a que el arte se basa en emociones, en sentimientos, en el humor del artista que es nuestro producto. Pero la cosa está clara, o eres gestor, o eres artista, y si eres gestor, tu fe debe estar puesta en la responsabilidad, la disciplina, la organización, el cumplimiento, la calidad, la eficacia, la eficiencia.

Un gestor no puede amanecer triste un día y por ello sabotear una producción. Un gestor no puede deprimirse y por ello dejar de mandar la nómina o solicitor el anticipo o detener el proceso de creación de la difusión. No, un gestor tiene su fe puesta sobre que la creación de un ecosistema cultural depende de sus manos y esa responsabilidad es inmensa, así que no admitamos depresiones que saboteen el desarrollo.

La fe del gestor cultural no se quiebra frente a la emoción. Al contrario, se fortalece en ella. Mi admiración para aquellos artistas que contra viento y marea mantienen intocable su esencia y su luz. Aprendo de ellos. Mi fe en ellos. Feliz fin de semana.

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